Mis alas negras.

Mis alas negras.

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WpMetadataNoticeLast published Tue, Jan 11, 2022
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Fiction
Fantasy
"...y de repente, un día,mi mente colapso y mi mundo se derrumbó." Atenea, la típica chica a la que le hacían bullying, a pesar de ser una chica muy determinada y firme, ya no podia más, ya estaba harta de tanto dolor, así que un día decide terminar con su vida. Pero... La vida le da un golpe duro cuando se da cuenta de que puede ver desde el cielo a todos sus seres queridos y amigos. Para ella es una arma de doble filo, le parecía muy buena idea poder ver a la gente que tanto apreció, pero le dolía demasiado el hecho de ver a la gente que le molestaba reírse en su tumba. Cada día se sienta en una esquina cerca de su tumba para observarlos, pero un día, gracias a su ausencia, todas aquellas personas que tanto ama van cayendo en una profunda depresión, llevándolos a la muerte. Mi querida Atenea. ¿Aún crees que fue buena idea desparecer?
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Los dioses no temen la guerra. Temen el deseo. En la penumbra del Olimpo, las Moiras tejían un hilo dorado que latía con una fuerza indomable. Susurros de un destino imposible se filtraron en el mármol sagrado, arrastrando consigo el eco de una advertencia: "Cuando la hija del pecado y el error despierte, los corazones divinos caerán en su trampa. Cuatro dioses la desearán, cuatro mundos se inclinarán ante su furia. Si su ira arde, no habrá Olimpo, ni Inframundo, ni campo de batalla que sobreviva a su sombra. Porque ella no es una mortal. Ni siquiera una diosa. Es el caos encarnado, la grieta en el orden eterno." Zeus sintió el peligro en cada palabra, pero no pudo apartar la mirada. Hades pensó en lo inevitable, en lo que significa amar a una criatura destinada a la ruina. Apolo sintió el sol temblar, atrapado en su propia luz. Ares, con su sonrisa feroz, entendió que por primera vez conocía la guerra que jamás podría ganar. Lejos de su mirada, en el rincón olvidado del mundo, una estatua se quebró. Las olas la abrazaron, y la piedra respiró. Asha Kaelione abrió los ojos. Y los dioses, sin saberlo, ya estaban perdidos.

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