La Gracia del Cielo I. Los Hijos del Poder

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WpMetadataNoticeLast published Sun, Apr 21, 2024
¿Podéis oírlo? El eco de la historia se repite a través de las eras. La triste canción de la antigua lucha tañe sus acordes iracundos, partiendo el mundo en pedazos una vez más bajo el peso de su yugo. Los montes se quiebran, las alianzas se rompen, los muros caen, pero a vosotros no os importa. Vosotros ya lo habéis olvidado. Decidme, ¿lo oís? Son los lamentos de los que ya sufren, los llantos de los que padecen porque el cambio los ha alcanzado. El clamor de los que se alzan, el grito de los que han caído en el olvido. El fin ha de empezar una vez más, pues el principio ha terminado. Pero a vosotros no os importa, ¿verdad? Después de tanto tiempo, después de tanta sangre derramada, sois incapaces de recordar que hay algo más. Seguís perdidos en vuestros enfrentamientos, en vuestros rencores, en vuestros afanes, deseos y ambiciones, ajenos a que volverá a suceder aunque no lo veáis, aunque no lo temáis, aunque no lo creáis. Está aquí. La oscuridad anida en esta tierra y de esta tierra brotará como manantial. La luz debe alzarse de nuevo. La sangre bendita debe volver a revelarse. El cambio ha empezado. El principio ha terminado. Ellos ya están aquí.
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Han poblado la tierra desde los albores de la humanidad. En otros tiempos los llamaban ángeles, pero no son ángeles, más bien son... el demonio, la esencia del mal. Son la energía negativa del universo. Pero en realidad no son ni lo uno ni lo otro. Son errantes condenados a deambular por tiempo y espacio, que tratan de hacer del planeta tierra su refugio. El mal conoce bien los secretos ocultos en un alma y grande es su maestría de manipulación, tergiversa las cosas, utiliza medias verdades, a veces transforma verdad en mentira o hace parecer la mentira verdad. Eso lo hace tan peligroso, arrastra a las personas consigo sin que se den cuenta siquiera. Persigue su objetivo sin contemplaciones, esgrimiendo promesas de una simbiosis perfecta entre organismo y energía, cuerpo y alma. Pero no existe el equilibrio total. La materia es un continuo fluir de fuerzas interactivas, energías cambiantes, sólo hay transformación. Así como no puede pararse el curso de las estrellas, tampoco puede cambiarse que cada principio avance hasta su fin. Aunque no hay final, sino transformación... Quizá a la humanidad le haya llegado la hora de transformarse. Pero a menudo las cosas no son lo que parecen.

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