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WpMetadataNoticeLast published Sat, Apr 4, 2015
—Debes tenerle miedo al bosque del Edén, Ellie— acostumbraba a decirme mi madre al ver mi interés por el mismo. —¿Por que?— Siempre le cuestionaba y jamas compendia su respuesta. —Por que allí, la muerte se encuentra en las cosas mas hermosas. Y es que existía algo que me decía aun siendo un niña, que aquel lugar al que todos temían y evitaban, era mi hogar.
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Las leyendas del bosque maldito eran conocidas solo por aquellas personas que vivían cerca, susurradas a la luz del fuego en noches de luna llena. Decían que las almas de los que se habían aventurado más allá de sus limites nunca regresaban, condenadas a vagar eternamente entre los árboles. Sus profundidades ocultaban secretos oscuros, susurros de antiguos sacrificios y un árbol que, según las leyendas, era el guardián de una maldición eterna. Pero un grupo de amigos, llenos de entusiasmo y con corazones valientes, ignoro las advertencias, convencidos de que tales historias eran solo cuentos para asustar a los niños. El bosque no era solo un lugar, era un ente vivo, respirando y acechando. Durante generaciones, las sombras de sus árboles habían albergado secretos que nadie osaba mencionar en voz alta. Los lugareños lo conocían como el bosque del Eco Maldito, un lugar del que no todos regresaban y los que lo hacían, volvían con miradas vacías y recuerdos imposibles de comprender. Se decía que dentro de ese bosque existía un árbol, retorcido y antiguo, nacido de un pacto maldito. Un hombre, consumido por su ambición, había ofrecido en sacrificio a su propia familia. La sangre de sus hijos y su esposa alimento las raíces de ese árbol, y cuando el mismo se colgó de una de sus ramas, sello una maldición que resonaría por toda la eternidad. Pero lo que hacia al bosque terrible no era la leyenda del árbol ni los ecos de los sacrificios. Era el ciclo. Un ciclo eterno de muerte y desesperación que atrapaba a quienes se atrevían a cruzar sus fronteras, obligándolos a revivir el horror una y otra vez. Andrés lo supo demasiado tarde. Su grito desgarrador se perdió en el viento, mezclándose con las risas guturales que el bosque devolvía como burla. Sangrando, cubierto de lodo y cicatrices, corrió con todas sus fuerzas, escapando de un lugar que parecía no tener fin. Pero no se puede huir de un eco.

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