Estaba en un viaje de trabajo disfrutando los placeres de un buen vino y entregandome al "dolce far niente", cuando el destino decidió jugar con mi aburrimiento y la trajo ante mis ojos envuelta en la excusa de un mensaje corporativo. Yasmín... Ella era solo un nombre entre tantos. Una asistente eficiente, invisible, hasta que no lo fue y nuestra historia se convirtió en el recuerdo de un amor que pudo ser. Entre agendas, cafés y silencios con más peso que un beso, empezamos a jugar. Y aunque ninguno lo dijo, sabíamos que estábamos perdiendo el control. No fue una historia de amor. Fue una serie de interrupciones a la rutina. Una cita que no fue una cita. Un momento de complicidad en la rutina y un recuerdo que perdura.
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