Sin aquellas paredes centenarias hablaran, contarían la historia del actual Señor de la casa, Rafael Medina, que dirigÍa su imperio desde el interior de aquella mansión, una cárcel que él mismo había creado. Y Alejandra Álvarez Del Castillo, que en busca de refugio, había roto la paz de Rafael e iba a llevarlo al limite de su control..... la misma mujer que años atrás lo había vuelto loco con un solo beso. Entre aquellas paredes, los dos podrían dar rienda suelta a la pasión que los consumía. Allí estaban a salvo, pero el mundo seguía afuera, amenazándolos.......
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