H
El casamiento se vuelve una tortura cuando eres atada aún hombre que no amas, que solo es un casamiento para huir de un destino peor, quedar marcada por alguien que le tienes miedo.
A mi alrededor todos sentados entre las gradas del lugar, vestidos de todo los colores, la moda reluciendo en cada uno de ellos, esas perlas y peinados exóticos, sigo caminando por el pasillo con mi ramo de flores entre las manos, la gran iglesia, con sus figuras de Dios y muchos dibujos entre las paredes blancas, mis amigas enfrente mirándome, esperando que escape, esa caballera castaña con lágrimas en sus ojos mientras me mira, la pelinegra tratando de dar calma, ese hombre esperándome, con su traje negro y sin dirigirme la mirada.
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M
Miro a ese hombre que tanto gritaba su amor por mi, como desposa a otra mujer con esa gran sonrisa, lo que tanto me prometió dándoselo a otra mujer, mientras yo terminé siendo un cascarón de promesas vacías, palabras falsas, no puedo decir nada, no puedo gritar, no puedo reclamar esas mentiras que tanto me dijo.
- Disculpe madre puedo ir a tomar aire - la mujer cansada de los caprichos de su hija asintió, mientras su acompañante iba atrás de ella.
Sale al gran jardín y las lágrimas resbalan por su rostro.
-Señorita, ¿está bien? - la mirada de la mujer se levanta mirando a ese hombre de cabello huero mirándola con preocupación - lo siento por entrometerme.
Aveces debes tener una desilusión para conocer a algo oh a alguien que valdría la pena.
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A
-Espérame, prometo volver..
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