un suspiro es más que suficiente para dejarle en evidencia; su mirada, sus manos moviéndose nerviosas una sobre la otra hilando imaginariamente una distracción, su entera anatomía grita lo que es imposible callar, y jaemin lo sabía, lo sabía con sólo sentir su presencia, pero era casi tan cobarde en confrontarle, tanto cómo él en aceptar lo que le estaba sucediendo.
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