Un grupo de sobrevivientes avanza sin destino, arrastrando los restos de lo que alguna vez llamaron vida. Se mueven porque detenerse significa morir. Buscan un hogar en un mundo que ya no recuerda lo que esa palabra significa.
La supervivencia diaria no solo desgasta el cuerpo: corroe el alma. Bajo la presión constante de seguir respirando, algunos comienzan a quebrarse. Y cuando eso ocurre, lo más peligroso deja de ser lo que camina afuera. Lo verdaderamente letal nace desde adentro.
En este mundo, quedarse quieto es una sentencia de muerte. Y vivir un día más no te hace fuerte, te hace peligroso.
Kalani cursaba su tercer año en Ilvermorny cuando el mundo decidió desmoronarse. La escuela mágica de los Estados Unidos, escondida en el noreste del país.
El apocalipsis comenzó en un instante absurdo, casi irreal. Un momento que nadie habría señalado como el inicio del fin.
Escaparse pareció una aventura. Una travesura adolescente, sonaba completamente inofensivo. Fue un error.
Ahora no hay hechizos que arreglen lo irreparable, ahora cada amanecer es un riesgo y cada error se paga con sangre.
Solo queda correr, resistir y sobrevivir.
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