
Cinco minutos antes... Diez minutos después. Cualquiera de las dos opciones podrían haberme dejado fuera de aquel tormento. Tendemos a realizar suposiciones tontas cuando el desespero invade nuestra mente y cuerpo, cuando las salidas son limitadas y el miedo se abre paso carcomiendo la poca cordura. Eso de que las cosas malas no le pasan a gente buena es mentira. Yo en particular no soy un monstruo, aunque tampoco una blanca paloma. Vivimos en una dualidad constante donde nos esforzamos por merecer solo lo que nos beneficia y purgamos cada mal acto intentando alejar destinos nefastos. Así que desde esa perspectiva he sido buena, he sido más que un gran ser humano. La balanza tiende a caer con el peso y sigo creyendo que pudo ser distinto. Si fui sensata, me apegué a las normas y logré dejar de lado el pecado, ¿no merecía algo bueno? Eso fue lo que llenó mi cabeza cuando el primer golpe me tumbó en el suelo. El siguiente disipó cualquier cuestionamiento, se llevó incluso la conciencia con la sacudida de cerebro. No soy mala, nunca fui merecedora de esto.Todos los derechos reservados
1 parte