Dolía, dolía como nunca lo había hecho. Estaba harta de vivir, de sufrir. Me había despertado cada día pensando que ese sería mejor que el anterior, deseando que así fuera. Simplemente para comprobar que me equivocaba. Que estaba rota y nadie podía arreglarme. Que este mundo en el que vivía también lo estaba y a nadie parecía importarle. Para comprobar que cada día le importaba menos y, más tarde, que le quería más a él. Y no a mi. Pero eso era mi culpa, me recordó una voz en mi cabeza. Y tenía toda la razón. Mire hacia abajo y vi pasar a un coche azul celeste. Siempre me gustó ese color, me recordaba al cielo. Pero no iba a acabar ahí. No, yo ardería en el infierno. Pero ¿qué mejor sitio para el diablo que el infierno?All Rights Reserved