No todas las heridas sangran; algunas se esconden entre el deber y el deseo.
En un mundo donde los lazos se dictan por la sangre y las feromonas, dos almas deben aprender que el amor también puede ser una condena.
Lo que nació como una obligación se convierte en refugio, y lo que debía olvidarse renace entre silencios, miradas y una pequeña vida que las une sin permiso.
Porque a veces el destino no grita... susurra.
Y en ese susurro, el corazón recuerda lo que el orgullo quiso enterrar.
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