Él estaba de fiesta, mientras ella nacía, sin embargo su llanto, penetró en sus oídos, más que la música de ese lugar.
Ha pasado mucho tiempo, pero ella conserva los mismos ojos miel―quizá incluso más miel―, la misma melena castaña y rizada, la misma nariz definida, idéntica y perfecta dentadura.Esta tan guapa como la primera vez, pero algo sí ha cambiado, ya sé a hecho mujer, esa sonrisa que lucía a todas horas, ahora solo la disfrutan unos pocos privilegiados; esos ojos llenos de vida y aventura, son maduros ya. Sé que me ha visto a través del cristal, y se ha acordado de mí, sin embargo, ha apartado la vista, con resignación.Nunca podré olvidar como aquella niña pudo hacerme sentir tanto, ¡le sacaba por lo menos catorce años de edad por dios! Maldito degenerado… Todo empezó aquella tarde en el campo de tiro, se veía tan interesante y segura, tan intensa y responsable...no podía quitarle la mirada de encima, en verdad me sentía un loco, pero mis ojos parecían no sentirse así. Cada quince días la veía, era tan feliz ese fin de semana en el que ella estaba aquí…
Yibo ha cargado con demasiado desde muy joven: una infancia truncada, un pasado manchado por el dolor, y la pérdida de aquello que más amaba. Tras ser acogido por una tía distante, la vida no le dio tregua. Creció en la sombra de la soledad, endurecido por el abandono y forzado a sobrevivir en un mundo donde el amor parecía no existir.
Ya en la adultez, intenta abrirse camino como puede, entre apuestas clandestinas y decisiones arriesgadas. Pero el destino, cruel y despiadado, vuelve a golpearlo. Lo que parecía una racha de suerte termina arrastrándolo a un abismo físico y emocional del que no hay salida fácil.
Ares, un hombre de poder y silencios, entra en su vida para ayudarlo... o quizá solo para ser testigo de su caída. Rodeado de amigos del bajo mundo, de rutinas que duelen y de una mente que comienza a quebrarse, Yibo se encuentra a sí mismo en lo más inesperado: la compañía de un gato que aparece justo cuando más lo necesita.
Pero a veces, incluso el consuelo puede ser un eco de lo que falta.
Con el tiempo en su contra, Yibo descubrirá que la fantasía puede ser el único refugio real, y que hay promesas que, aunque pequeñas, significan todo.
Porque a veces, lo único que un hombre roto necesita... es que alguien cuide de lo que más ama.