Ese día durante la noche,
con la luna de testigo, el mar arrojando su música, el viento contando historias,
entendí lo que significaste... Yo era un fiel creyente y tú, tú eras un milagro.
Te amé desde la risa fácil,
desde el roce simple de tus dedos en los míos,
desde las tardes lentas en que el sol caía
y todo parecía tener sentido solo porque estabas tú.