La diferencia entre la realidad y la fantasía, la creas tú. Y sólo está con abrir los ojos del alma. Despertar o seguir durmiendo. Seguir soñando o levantarte y luchar por tus sueños.
Dicen que el cuerpo no sabe diferenciar entre la realidad o la fantasía, lo cual es una emoción peligrosa, porque a veces estás a solo un paso de equivocarte o ahogarte en el deseo. Yo nunca imaginé que esa línea tan delgada sería la que me haría perder el control.
No podía decidir qué era peor: fingir que nos amabamos... o descubrir que quizás nunca fue mentira en absoluto.