Dicen que no hay que mirar fijamente a los pacientes. Dicen que hay reglas, protocolos, límites. Pero yo lo vi. Callado. Quieto. Mirándome como si fuera un dulce. Nyel no habla con nadie. No toca a nadie. Pero conmigo... algo en él cambia. O se despierta. Algo oscuro. Algo que no debería querer ver más de una vez. Yo vine aquí para cuidar. No para que alguien me mire como si fuera suya. No para que un paciente me diga: "No vas a dejarme." Y lo peor de todo... es que una parte de mí cree que tiene razón.
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