En donde Mikey incapaz de poder deshacer la tristeza que acompaña su corazón, descubre que puede amar, tener un motivo porque sentirse querido y poder purificar sus sentimientos.
Sumergido en paz, celeste como el cielo, sintiendo desfallecer cuando esas pupilas lo miran, logra conseguir la tranquilidad cuando comparten esencias. Así se sentía cuando Takemichi lo miraba.
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