María y su padre huyen de la muerte en una tierra que los repudia por sus orígenes. Para ocultarse, pintan su piel con los colores de un pueblo que no es el suyo, intentando fundirse en un mundo que ya no les pertenece. Pero hay máscaras que no se quitan, y colores que no se borran. Y en su huida, descubrirán que la verdadera condena no es morir... Es seguir existiendo cuando ya no queda nada de uno mismo. Los niños de porcelana Lunes y jueves, a la medianoche. ¿Te atreves a leerlo?
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