Stop the time - Freddy Carter

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WpMetadataNoticeLast published Wed, Mar 16, 2022
Para Alex, las fotografías eran el único rastro de la joven que solía ser. Aquella joven que se atrevía a todo, que tenía mil planes por concretar y que estaba completamente segura de que triunfaría en lo que fuera que se propusiera. Si le tiraban una piedra, ella la usaría como escalón. Si le gritaban una crítica, la usaría como propulsor para cerrarle la boca. Si le decían que no podía, ella movería cielo y tierra para demostrar que estaban equivocados. Claro, esta era la Alex que recién terminaba el secundario y todavía no enviaba su solicitud para la Universidad. Ahora, la vida de Alex era una mierda. Tenía veintisiete años, y era una joven sin prospecto, sin universidad, sin dinero ni amor. Vivía en la casa de su mejor amiga porque si no lo haría en la calle. Se sentía patética. No, de hecho, peor, la definición de patética. Trabajaba en una heladería con un sueldo que solamente le alcanzaba para pagar parte de la renta y comprar un poco de comida y ropa con el sobrante.
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No soy Julia Roberts. Nunca lo fui. Toda mi vida esperé -con el corazón en la mano y Pretty Woman en los auriculares- que alguien apareciera con un traje inmaculado, un ramo de flores enormes (no rosas), y la promesa de que yo era "la chica de sus sueños". Pero no, mi ciela. Eso no pasó. Porque nuestras vidas no pueden ser como una comedia romántica. Y para quien se lo pregunte: esto no es una historia de redención. Ni siquiera de crimen -lo siento si rompo los corazones de todos los Hércules Poirot por ahí. Este es solo el testimonio de una chica -una de esas de espagueti en oferta, dos por veinte centavos- tratando de sobrevivir al fin del milenio... justo cuando mi exnovio -el cabrón que rompía y armaba mi corazón a placer- regresó convertido en un oso. Literal. De esos que parecen pesadilla barata de Coca-Cola. Y claro, justo la mañana que decidí ayudarlo. Con sus rugidos, abrió de golpe esa pequeña tacita de café donde yo había guardado todo lo que dolía. Y me dejó con una certeza brutal: que quizá la única salida... es contar mi historia antes de que la existencia me trague entera.

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