La recién fundada Roma era apenas un pueblo naciente que se alzaba con orgullo en una tierra salvaje e indomable. Los hombres hablaban de poder, de expansión, de gloria. Sus manos construían murallas, pero también empuñaban espadas que teñían la tierra de rojo. Cada paso era una promesa, un eco de ambición que atravesaría los siglos. En medio de este torbellino de conquista y sueños, ardía una llama sagrada, resguardada en el corazón del nuevo asentamiento. Los soldados romanos veían más emocionante ir a la batalla que pasar el tiempo vigilando ese fuego, no la tomaban enserio, pero debían hacerlo pues aún no habían sacerdotisas para ese trabajo. Hasta que uno de ellos, de nombre Zayden, comprendió que no todo era fama, conquista y poder. Comenzó a descubrir que esa hoguera servía para algo más que dar luz y calor. Simbolizaba la voluntad de una diosa: La diosa del hogar, la familia y el fuego sagrado. ¿Que pasará? Descúbrelo leyendo. ©️ Derechos reservados de Destripando la historia
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