Elijo el café como elijo el amor; confundida por las diferencias sutiles y a veces con temor de que no me guste después. Porque difícilmente puedes saber. Tómalo o déjalo. Solía pensar que la mejor bolsita tenía el mejor sabor, pero luego me topé con el típico café comercial que me encantó presumir en mi alacena, hasta que lo probé y escupí. Hoy prefiero el café de apariencia discreta, pero interesante, porque sé que lo mejor lo encuentro al abrir la bolsa. Preparo el café como preparo el amor. Con la fuerza de una palabra. Prohibido preparar un café bajo los efectos de uno anterior, el gusto está adormecido y no eres capaz de percibir el sabor original. Al principio parece igual, pero sabes que es un buen café si al final te gusta el sabor que deja en tu boca.
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