Hay historias que no deberían contarse. Relatos cocidos a fuego lento en los rincones más podridos del alma, donde el amor se confunde con hambre, y el deseo sabe a carne cruda. Esta es la historia de un caníbal con manos de chef y corazón marchito, y de un actor roto, cuya piel ha sido escenario de placeres ajenos, pero cuya alma sigue esperando una caricia que no duela. Lucien Moreau no nació monstruo. El cuchillo se lo enseñó su padre. Elliot Graves no nació adicto al abandono. La cámara lo obligó a sonreír. Ambos se encontraron en la mesa del destino. Uno buscando un cuerpo que pueda devorar sin culpa. El otro buscando un alma que lo mire sin asco. Amor, en esta historia, no es redención. Es hambre. Es obsesión. Es servirse al otro en bandeja de plata. Y a veces... el corazón late más fuerte cuando lo estás cortando en pedazos. Así que si entras, hazlo sabiendo esto: El amor aquí no se dice con flores. Se dice con cuchillos, con dientes, con sangre. Y termina, siempre... con un último bocado.
Karagdagang detalye