
He de ser de piedra y creerme pájaro porque el viento propaga el polvo de mis manos. veo a través del espejo el reflejo del ave, que queda inmóvil en el asfalto, abrasada por la luz de la media noche. Soy el nido en el día que agoniza, sin poder roer el aire. Soy de carne y me vuelvo hoja o pluma y al final de la jornada soy quien cae. Ser yo y ver otra y otra y otra, hasta anochecer sobre mi misma y volver al origen, donde la arcilla no tiene rostro y las alas no pesan tanto... Y la lengua se vuelve ceniza, si decimos Amor.All Rights Reserved
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