Maite creía tenerlo todo resuelto: era una estudiante de medicina con un expediente brillante, provenía de una familia de clase media alta donde nunca le faltó dinero ni comodidades. Un futuro asegurado en una prestigiosa clínica, gracias a su madrina, amigos que la querían, parecía que nada le hacía falta. Pero era infeliz. Maite no conocía la felicidad absoluta, y aunque creía que debía ser agradecida, nunca lo lograba. Dios la había favorecido con una vida hermosa, entonces, ¿por qué no podía apreciarla? Desde la muerte de su madre, no le encontraba sentido a nada, sintiéndose culpable por aquel suceso que la marcó de por vida. Regresa a España para asistir a la graduación de su hermano y se topa con un individuo que pondrá su mundo patas arriba: Sasha Svoboda. Ciertamente, un nombre que no será fácil de olvidar.
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