Ava
Hay quien nace con el instinto más primario de protegerse, como si se autoproclamara víctima y viera amenaza en cualquier rincón. Sin embargo, evitar los vínculos afectivos no siempre da resultado. Algunos nombres pueden oírse a kilómetros de distancia, cruzan las barreras de protección e imponen su presencia. Hay nombres con tanta luz que es imposible ignorarlos: Ava, Ava, Ava...
Luego de un enfrentamiento con su padre, la narradora de esta historia conoce al ser humano capaz de quitarle los miedos de a uno. Su nombre le provoca un cosquilleo en el estómago, un aleteo de gorrión bajo el pecho. Florece así una amistad que se transforma en el amor más profundo, y entre dos chicas se alza un poema que habla sobre las tortugas.