El segundo aniversario de la muerte de Helena había parecido una fecha adecuada, hacía dos noches, cuando condujo sin rumbo, desesperada por alejarse de su vida. Playa Anmok Beach era el lugar más tranquilo que había podido encontrar entonces, y ahora sabía que era su única salida. La única manera de verla otra vez. Jennie se tambaleó cuando sus pies se hundieron más en la arena húmeda.
Una enorme ola se estrelló contra ella y, de repente, se vio arrastrada hacia abajo, la fuerza del océano la hizo revolverse y perder la orientación. No luchó los primeros segundos, desorientada y confusa. Su primera reacción fue nadar hacia arriba, pero seguía dando vueltas y no sabía dónde estaba la parte superior. El pánico real la golpeó cuando se dio cuenta de que no iba a ser capaz de tomar aire. Acababa de hacerlo cuando fue arrastrada de nuevo hacia abajo, consciente de que no le quedaba más oxígeno en los pulmones. ¿No era esa la idea? ¿No era eso lo que quería? Se revolvió, buscando desesperadamente la parte de arriba, con los ojos completamente abiertos pero incapaz de ver nada.
-Oh, Dios mío, voy a morir.
Jennie una madre soltera de 27 años, tiene una hija de tan solo 3 años, decidió llevar a su pequeña niña al jardín de niños, ya que tenía mucho trabajo y no sabía con quién dejarla.
Hasta que conoció a Lisa una profesora de tan solo 28 años, era la nueva profesora de su hija, ella le agarro mucho cariño que hasta la pequeña siempre le habla de ella cada que podía.
Ambas chicas se enamoraron a primera vista en ese salón de clases, quedaron flechada una de la otra, haciendo que la pequeña niña se siente cómoda con Lisa considerándolo qué era su nueva mamá.