
La luna brillaba, plateada e inmaculada, ansiosa de descubrir en que clase de infierno acababa de meterse aquella atrevida chica. Su luz era el único testigo de aquel opresivo silencio que había infestado al pueblo. Tan notable y espeso, cuál si fuera de carne y hueso; la premonición de una tragedia. Una cajetilla de cigarros era la única arma de aquella joven para mantener a raya su sanidad. Estaba atrapada, condenada, sabía que lo estaba. Todo era una vil y miserable pesadilla. Una que, tristemente, no había hecho más que comenzar. Derechos de la obra a: [Karwimo] Derechos de la portada a: [Karwimo]Tous Droits Réservés
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