¿Se han enamorado alguna vez? los que lo han echo sabrán que es uno de los estados más placenteros que puede experimentar el ser humano, llegan esas mariposas a nuestro estómago y con ellas, pensamientos agradables, pero efímeros, si bien cuando nos enamoramos creemos que será sempiterno, es solo un sentimiento pasajero, el cual no debe confundirse con la obsesión.
Por otro lado el amor puro o real es distinto ya que en este caso se logra percibir a la persona amada en su totalidad, pudiendo ver sus virtudes pero también sus defectos de la misma manera, no se idealiza al otro y se acepta tal y como es, teniendo en cuenta de que no es perfecto(a) y nunca lo será, a pesar de que las mariposas en el estómago desaparecen, el amor ahí está, cada vez más fuerte. Es un tipo de amor que va más allá del éxtasis que el enamoramiento te puede dar, es más maduro, menos egoísta, más sincero y no aparece de la noche a la mañana ya que se construye con el tiempo por lo que, si se quiere, no tiene fecha de caducidad.
Ah, ¿quién lo diría, no? Dicen que los romances de la niñez no te afectan, que sí, que quizá haber llegado a sentir cosas por alguien a temprana edad no es más que un sentimiento inocente, pero..¿Qué hay de las cosas que uno experimenta? ¿Qué hay de sentirse amado y correspondido por primera vez?
Con Martín me había sucedido eso, y a día de hoy..no he podido olvidarlo. No he dejado de llorar desde nuestra ruptura, ni de la primera, ni de la segunda. Me negaba a dejarlo ir..porque sabía que si lo haría, una parte de mí se iría con él, o al menos..eso mi corazón me había hecho sentir.
Pero debía de aceptarlo, las personas son etapas, etapas que hay que dejar ir. Martín era una de esas etapas, y ya debía aceptarlo de una vez por todas, él ya no me quería.
Marianela Velázquez, 2025