Ermitofobia

Ermitofobia

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WpMetadataNoticeLast published Thu, Feb 17, 2022
Hay una fina línea entre ilusionarse y obsesionarse. Ese es mi problema. Que paso de un "te quiero" a un "te necesito, no quiero perderte". Y eso que defiendo por encima de todo el "soy una mujer fuerte e independiente". Siempre juego en mi contra. Soy mi propia autodestrucción. Soy muy exigente y suelo ser muy dura conmigo misma. Intento ser la hija perfecta, la amiga perfecta, la hermana perfecta para así autoconvercerme de que nadie querrá irse jamás de mi lado. Pero esta "niña buena" de siempre muchas veces se cansa. Se cansa de entregar su corazón y que este acabe siempre en mil pedazos. De cargar culpas que no le corresponden. Se cansa de ver esos "fantasmas" que sólo están en su cabeza y le hacen la vida imposible. Anoche volví a sentir ese escalofrío al pensarte. Volvieron esas lágrimas que tanto me cuestan ocultar. Después de mucho, volví a sentir ese miedo. Ese miedo a sentirme sola. Volvió la ermitofobia.
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La atracción puede aparecer en el momento menos esperado, en el lugar menos oportuno... y en la forma más devastadora. Siempre sentí curiosidad por todo lo relacionado al sexo: esa conexión natural, espontánea y sutil que tanto se menciona. Sin embargo, durante años, ningún hombre logró despertar en mí esa chispa que otros describen como deseo, pasión o desenfreno. Me bastaban juegos inocentes. Nada más. Nada profundo. Hasta que lo conocí. Un solo cruce de miradas bastó para que mi cuerpo ardiera y mi mente se desconectara. Su físico, su mirada, su sonrisa... todo en él era una provocación imposible de ignorar. Lo que no sabía era que al abrir la puerta de ese deseo prohibido, no solo descubriría mi lado más sensual, pasional y adicto, sino también una relación tan intensa que rayaría en la toxicidad. Sin compromisos. Sin promesas. Sin sentimientos. Solo sexo. Solo adicción. Él despertó mi piel, mi hambre, mi placer... y mi necesidad. Una necesidad oscura, peligrosa. Una de la que no sabría -ni podría- escapar. Porque hay adicciones que marcan más que cualquier droga. Y la mía... Era él. Era su cuerpo. Era su veneno. Él era, y siempre será... sexualmente tóxico para mí.

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