Las calles están vacías, la noche es fría y las personas solo quieren llegar a su hogar que es la única seguridad que confían tener. Cuando despiertas, lo único que sientes es presión y el vaivén de camionetas en movimiento. No eres el primero en estar ahí, y quizás tampoco seas último. Dos amigos han cruzado una línea de la que no podrán volver. En este mundo, los secuestros también tienen reglas, y cuando las cosas no salen como esperan, el averno no distingue entre paredes...
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