El amor no siempre llega una sola vez.
A veces llega en formas distintas.
A veces... en momentos equivocados.
Para Ochako Uraraka, amar fue primero un suspiro contenido en el pecho, con el nombre de Izuku Midoriya latiendo en silencio. Un amor suave, imposible, construido de todo lo que nunca se dijo.
Después fue fuego.
Con Katsuki Bakugou, aprendió que sentir también quema, que el amor puede ser caótico, intenso, aterrador... y aun así, profundamente real.
Y finalmente, fue pausa.
En Shoto Todoroki encontró algo distinto: un amor que no empuja, que no arde, que no exige... pero que permanece, incluso en el silencio.
Tres historias.
Tres heridas.
Tres formas de aprender a amar.
Porque crecer no es dejar de sentir.
Es entender qué haces con todo aquello que te cambió.
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