-Mírame, omega -pronunció, lento, como si saboreara sus propias palabras-. Deja de fingir que no lo sientes. Se detuvo frente al vidrio, tan cerca que pude ver la cicatriz que cruzaba uno de sus ojos, alargada, pálida contra su piel dura. -Te trajeron aquí porque los alfas cazan y las omegas corren -continuó-. Es ley. Es instinto. Y tú ya estás marcada. Mi pulso se desbocó. -Seré yo quien vaya tras de ti -dijo, firme-. El que siga tu rastro, el que te encuentre cuando tus piernas fallen y tu olor me suplique que te alcance. Una sombra de sonrisa cruzó su boca. -Corre si quieres, omega -murmuró-. La caza solo hace que el momento en que te reclame sea mucho más dulce. OBRA PROTEGIDA POR SAFECREATIVE QUEDA PROHIBIDA TOTAL COPIA, PARCIAL O ADAPTACIÓN ASI COMO SU DISTRIBUCIÓN.
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