
Dos ciudades, dos momentos y dos historias. Caracas, con su magnético caos. Buenos aires, con su presente eterno. Josephine lo sabe. Podía sentir el hilo rojo. Aún en diferentes países, con diferentes edades. ¿Era eso suficiente? ¿Valía la pena quedarse? A veces la libertad no significa irse, sino quedarse.Todos los derechos reservados