Anónimo
El detective David Purcell sabe que la llamada recibida a esa hora de la madrugada no viene cargada de buenas noticias: el asesino anónimo volvió a atacar. Es su cuarta víctima en poco menos de dos meses y con todas ha cumplido el mismo patrón enfermizo: mujeres rubias, jóvenes, abusadas, torturadas, mutiladas, asesinadas; con el agravante de haber sufrido acoso público a través de una herramienta virtual días antes de cada asesinato, a manera de burla siniestra.
En esta narración está contenida una fuerza tendente a ser objeto de menosprecio, pero que puede llegar a ser tan intensa como el resultado de la ancestral colisión entre el bien y el mal: el poder de la obsesión.