єn míѕ ѕuєñσѕ, tu єrєѕ míσ...
єn mí vídα, ѕσlσ un ѕuєñσ.
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- Puedes prometerme... ¿qué siempre estaremos juntos? - las palabras habían fluido débilmente de sus rosados y delicados labios, al mismo tiempo que sus ojos apreciaban, con destellos brillantes, la figura que se alzaba a su lado. Las sábanas cubrían sus cuerpos en tanto la tenue luz de la luna parecía iluminar majestuosamente aquella habitación, lo que no hizo más que resaltar esa masculina figura que la acompañaba, cuando él condujo su mirada hacia ella, sus manos parecieron encontrarse y entrelazarse casi tímidamente, la sostuvo como si fuera lo único y más importante en su universo.
La observo entonces, apreciando más que solo aquel desordenado cabello y delicados rasgos, fue entonces que inevitablemente en su rostro se dibujó la más hermosa y genuina sonrisa, con su mano libre acomodo uno de sus rebeldes mechones que resultaba molesto a la hora de admirar la expresión de su compañera, un toque gentil, pero cargado de innumerables sentimientos.
- Por supuesto que lo prometo
Apoyo suavemente su frente contra la de ella y la estrechó entre sus brazos, como si realmente supiera lo que acontecería. Se sintió como un gesto distante.
O así fue para ella cuando abrió sus ojos.
Su boca se llenó de un amargo sabor cuando froto su rostro con ambas manos, había sido un sueño.
Solamente un sueño...
Sonrió con un deje nostálgico cuando finalmente opto por ponerse de pie, deteniéndose un momento frente al espejo de su habitación. Rememorando, buscando escarbar en sus recuerdos más profundos, pero, únicamente sus palabras resonaron como un eco en su memoria. Como una promesa lejana.
《Recuerda, que cuando él te deje el corazón hecho pedazos, yo estaré ahí, para juntarlo, y armarlo nuevamente》
Lin Yi, un trabajador de oficina muy trabajador, murió una noche por exceso de trabajo. Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró en el cuerpo de un personaje que había sido carne de cañón y que había sido casado con un magnate como parte de una alianza comercial entre dos familias adineradas.
En este matrimonio, Lin Yi era prácticamente invisible. Su dominante marido nunca volvía a casa, dejándole sólo una asignación mensual de cinco millones de yuanes.
Lin Yi: ¡Qué buena oferta! ¡Es hora de vivir la vida como un adicto al sofá!
Aparte de eso, Lin Yi también tenía un hijastro llamado Huo Mianmian, un niño de tres años que era pequeño, suave y hermosamente refinado. Sin embargo, el niño generalmente era muy tranquilo y cauteloso con los demás, no se acercaba fácilmente a nadie.
Lin Yi no tenía que preocuparse por criar al niño, disfrutaba de su nueva libertad, su única preocupación era cómo gastar su dinero.
Cuando estaba feliz, compraba un inmueble comercial; cuando no estaba feliz, un coche deportivo...