Kageyama Tobio tenía una regla: ignorar a los nuevos. Hasta que llegó Hinata Shouyou. Un chico pequeño, de rizos naranjas imposibles y piel de porcelana. Con una mirada que desarmaba y un olor a galleta recién horneada que no debería importarle. Pero le importó. Tanto que lo único que atinó a decir fue: "No pensé que aceptaran a alguien tan feo" Mentira. Fue la mentira más grande de su vida. Y Hinata, con sus pestañas largas y su ceño fruncido, se lo hizo pagar. Lo que empezó como un insulto se convirtió en una guerra silenciosa de miradas que no se apartaban, de palabras que no se decían, de una tensión que llenaba el gimnasio cada vez que estaban cerca. Kageyama no sabía por qué no podía dejar de mirarlo. Hinata no sabía por qué le dolía tanto que lo hubiera llamado feo. Hasta que un día, en el vestuario vacío, Kageyama dijo lo que siempre quiso decir desde el primer segundo. "No eras feo" Y Hinata, con los ojos brillando más que nunca, sonrió. "Lo sé" --- De enemigos a amantes. De un insulto a un beso. De "feo" a "mío".
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