Cuando una nueva era comienza, Gustavo López, un venezolano de 22 años de edad, intenta sobrevivir a los primeros días de lo que parece ser un apocalipsis zombie, por lo que se ve en la tarea de cuidarse no sólo a sí mismo, sino a las personas más cercanas a él.
La muerte, que transcurre con mayor velocidad ahora, no tendrá piedad con nada ni con nadie, obligando a los personajes de esta historia a ser fuertes sí o sí; Gustavo necesitará la ayuda y la fuerza de todas las personas posibles, por lo que al conocer caras nuevas durante su trayecto deberá reclutar a cuántos pueda y en menos de lo que canta un gallo descubrirá lo cruel e insensible que puede alguien llegar a ser, se dará cuenta de la confianza que llega a generar en los demás, y descubrirá que no todo dura para siempre, y no siempre termina como pensamos.
Samantha Rivera y María Victoria Arellano.
No tenían muchas cosas en común, sus edades eran distintas, sus maneras de caminar no coincidían y mucho menos la estatura. Nunca pensaban igual, tenían ideas muy diferentes y actitudes contrarias. María Victoria era dueña de si misma, Samantha era una chica insegura. Sus manos parecían ser hechas como piezas exactas para encajar una con otra, con los dedos entrelazados y mirando a la misma dirección.
Samantha era su pequeña.
Está historia no me pertenece, todos los derechos a su autor original.