Los Marshall

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Dec 20, 2025
En el sombrío giro de este cuento, Caperucita no se encuentra con un lobo solitario en el bosque, sino con tres bestias voraces que, lejos de querer devorarla, anhelan poseerla como suya. En lugar de temor, nace un amor oscuro entre la inocencia de Caperucita y la ferocidad de las bestias que la rodean. Un vínculo que trasciende las líneas de la moral y se sumerge en la profundidad insondable de la obsesión y la posesión. Cada encuentro en el oscuro bosque se convierte en una danza peligrosa, donde la ternura se entrelaza con la amenaza latente de las bestias. El amor de Caperucita, lejos de ser un sentimiento inocente, se transforma en un pacto con la oscuridad, una entrega hacia las bestias que matarían sin titubear por protegerla. La devoción se manifiesta en sus ojos, un reflejo de la conexión retorcida que ha tejido entre la fragilidad humana y la bestialidad despiadada.
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Es curioso cómo funciona la mente de los adultos cuando encomiendan mandados a un niño, pensando que con simples advertencias y esclarecidas indicaciones sería suficiente para mantenerlos a salvo de los peligros que acechaban en el mundo. Si lo pensamos ahora, es bastante obvio que nada de lo que dijo la madre a Caperucita podría evitar lo que sucedió en el cuento. Fue un accidente, dijeron. Había una madriguera cerca, así que defendieron su hogar, informó el alguacil. No podrían saberlo, a veces pasa, consolaron en voz baja. Si ellos se sienten amenazados, defienden su hogar, es su instinto, le aclararon a Minho mientras llenaba una forma con sus datos. Él sabía lo que vio y sabía, a ciencia cierta, que los animales que asesinaron a su hermano y sus amigos no eran normales. Un lobo no era capaz de caminar sobre sus patas traseras.

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