Daniel odia las consignas abiertas.
Odia el otoño.
Y odia recordar que el verano lo perdió contra Lucas.
Desde entonces, vive escapando: del fracaso, de la presión y de cualquier cosa que pueda volver a demostrarle que no es suficiente.
Pero cuando su rival reaparece en medio de su bloqueo creativo,
Daniel descubre que algunas derrotas no se superan huyendo... y que a veces el peor enemigo puede convertirse en algo mucho más peligroso.
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