Mi Nombre en tus Cicatrices
Nunca le había prestado atención a la forma en que Aizawa miraba. En los noticieros, su expresión era una constante: ojos pesados, boca apretada, aire de fastidio eterno. Pero ese día, cuando nuestros caminos se cruzaron en el pasillo iluminado tenuemente por las luces de la UA, entendí que su mirada no era vacía. Solo estaba llena de cosas que aún no decía.