Nos llaman la generación de cristal, pero son ellos los que se escandalizan viendo un médico con tatuajes, una mujer que no quiere ser mamá, una pareja atea o dos hombres tomados de la mano. Pero esta es la generación que no calle nada, que grita y patalea cuando se sienta violentada, que no tolere el abuso sexual en ninguna de su formas, ni el abuso de poder, que cuestione la normalización de los absurdos; una generación intolerante que se quiebra, que se rompe, que se desmorone como mazapán ante el primer golpe; porque no precisamente somos una generación de cristal, somos una generación que ha crecido en un contexto en el que está bien demostrar que se es vulnerable, por consiguiente, no somos débiles, porque a diferencia de las generaciones pasadas, no le tememos a cuestionar lo que consideramos no estar bien, hemos y somos una generación a la que nuestros padres y cuidadores le expresamos el afecto de forma más abierta, con palabras de amor y aprobación, pero también son una generación más expuesta a la presión de grupo y la crítica social. Libro Original.
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