Desde niña sabía que no era normal. Siendo que mis hermanas eran perfectas, que era justo lo que mi mama quiera. Éramos los ojos de la sociedad, gracias al buen nombre de mis padres. Yo no compartía mi secreto con nadie, porque tenía miedo que me mandaran lejos, y de manchar el nombre de mi familia. Solo mi mejor amigo conocía mi secreto y el no me miraba mal ni creía que estaba loca. No tenía idea de que mi secreto tuviera toda una historia detrás. Hasta el día que conocí al espíritu de mi destino.
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