Ser un hada es algo increíble, si se lo plantean a alguien del primer mundo no lo creería. Así que Alfea y el Otro Mundo eran lugares donde todo podía ser creíble. Bueno, menos que un mito que les contaban siempre a las pequeñas hadas y especialistas sea totalmente real, porque ella era real.
Aurora, más conocida como Aury o Rory, era la prueba viviente de uno de esos mitos y el más importante, el de la creación de las hadas. Aunque había muchas personas que deseaban ser uno, ella no estaba del todo contenta con el riesgo que aquello implicaba. No quería que nadie saliera herido, ni mucho menos alguien cercano, ya que aquellos eran los primeros que salían lastimados cuando se buscaba manipular.
Su madre, más bien su madre adoptiva, pero a quien Aurora consideraba su verdadera progenitora. Estaba dispuesta a protegerla y sabía que al cumplir dieciséis las personas que quisieran capturan a la chica comenzarían a buscar, lo mejor era ordenarle no tener a nadie cercano. Solo ella.
Pero el primer año le jugó a Aurora una pequeña mala pasada, otorgándole así nuevos pensamientos, dudas y una avalancha de nuevos sentimientos que estaba dispuesta a esconder este año. No estaba segura de que todo fuera igual. Aunque quisiera, no quería acercarse de nuevo a él, por su bien y por el de ella.
¿Pero los acontecimientos se lo permitirían?
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