Abrió los ojos de golpe, pero la luz deslumbró sus pupilas, lo cual la hizo cerrarlos de nuevo, intento abrirlos otra vez , y ahora lo hizo con cuidado, abriendo los ojos lentamente; tal pareciera que la cabeza le explotaría, era un dolor insoportable. Cuando por fin logró abrir los ojos, lo primero que pudo distinguir, fue a dos figuras, un hombre y una mujer...
No lograba reconocer nada.
- Emma, querida, que bueno que despiertas, tu padre y yo estamos muy preocupados.
No le era posible recordar nada, ninguna imagen en su cerebro: todo estaba en blanco. No sabia quienes eran las personas que se encontraban frente a ella. La mujer, era muy delgada, rubia, de ojos azules. Y el hombre, el era rubio, como la mujer, de ojos verdes.
De pronto, todos los recuerdos comenzaron a llegar a su cabeza, esas personas que tenia en frente, eran sus padres.
-Gracias a Odi... gracias a Dios que despertaste, te golpeaste fuerte la cabeza.- dijo su padre.
- ¿Que?- pregunto ella extrañada.
- Te caíste de la bicicleta- se apresuro a decir su madre.
- No recuerdo absolutamente nada, no recuerdo mi nombre, ni quien soy, no recuerdo nada, ademas....me duele la cabeza- dijo ella en un sollozo.
Pasaron tres años después de su accidente, y aun le dolía la cabeza cuando intentaba recordar cosas anteriores a su accidente, tales como su niñez. Solo recordaba grandes habitaciones de paredes doradas, con puertas gigantes, recordaba también arboles de flores doradas y botones rojos, naranjas, entre los recuerdos anteriores a su accidente, se encontraba uno muy extraño, ella recordaba ojos, unos ojos verdes, muy verdes....
Me encontraba corriendo a todo lo que mis piernas daban, solo tenia un objetivo en mente: llegar a la guarida Uchiha...
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- el sello de mí mano comenzó a arder, un fuego empezó a correr por mí cuerpo. Estoy cerca, cerca de cambiar la historia. Entonces aceleré el paso, ya nada me detendría...
Cuando ambos se lanzaron para arrebatar la vida del otro, yo me interpuse y como si todo hubiera estado coordinado, sentí dos heridas diferentes en mí cuerpo: una en el abdomen y el otro en mí espalda...
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Fue entonces que tomándolos por sorpresa toqué sus frentes con cada una de mis manos; y entonces sucedió...
Unas largas cadenas nos rodearon a los tres, y aunque ellos lucharon por soltarse, no pudieron...
En ese instante, lo único que se escuchó fue mí grito:
- Llévame al momento en donde el vínculo se rompió, en donde la desgracia se desató.
Todo estaba sobre la mesa, era hora. Sin embargo, hubo algo que no predije y ese algo fue lo último que vi antes de ser absorbida por un portal: una larga cabellera negra se había aferrado a mí...