Al entrar por las puertas de ese maldito motel, es el momento en el que podemos ser nosotros mismos, expresar todo eso que sentimos.
Amarnos cómo si no hubiese un maldito mañana, el cruzar esa maldita puerta es volver al maldito infierno o al cielo en el cual vivimos los dos, es volver a fingir, finger ante la sociedad ante nuestras familias y ante nosotros mismos y ante a nuestras parejas.
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