L a suave brisa en el invierno de la vida,
va calando los huesos de dolor
se resquebraja el alma sin cesar.
Sin balas disparadas con espinas candentes
que destrozan el afecto y el amor,
es el juicio subjetivo, que pierde la veleta
de la vida, juzgando con hirientes palabras
a quien te dio la vida con amor.
Las hojas caídas no retornar al árbol,
las miradas despiadadas no se pierden jamás.
La furia de tu enojo tan desolador,
ha marcado la muerte de este corazón,
recuerda no llorar mi muerte,
para ti será desolador, para mi ya no
existe una razón.
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