Le di ese título a mi vida porque cada cicatriz tiene un origen, y para comprender mi descarado comportamiento debo contarles todo desde el principio.
Hace diecisiete años, mi madre se enamoró de un hombre en un festival escocés. Fueron tres años de felicidad, hasta que una noche de luna nueva él le presentó a la mujer con la que se casaría. Su corazón se quebró sin piedad.
Ella huyó de aquel país, pero tres meses después descubrió que estaba embarazada de mí. Volvió a Escocia para anunciar mi existencia, y allí fue humillada por mis abuelos paternos, quienes negaron cualquier vínculo con el feto que llevaba en su vientre. El hombre que la había amado no la defendió: aseguró que el hijo no podía ser suyo, que siempre se había protegido.
El poco amor que quedaba hacia aquel "donante de esperma" se rompió en mil pedazos. Aun así, me tuvo. Mi llegada trajo caos, pero también la oportunidad de un nuevo comienzo. Con el tiempo, apareció un hombre distinto, alguien que sí estuvo a la altura de su clan y que devolvió a mi madre la dignidad que le habían arrebatado.
Hoy, mientras abro las páginas de esta historia, los invito a caminar conmigo por los pasillos de una vida marcada por el abandono, la rebeldía y la búsqueda del amor. Acompáñenme a descubrir si el amor es realmente una maldición o un paraíso.
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