ADHARA
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WpMetadataNoticeLast published Thu, Sep 8, 2022
la maldicion del sol y la luna creciente era una leyenda contada a niños, pero no a cualquier niño sino que a niños diferentes. cada familia tenia un don distinto y cada una tenia su version sobre la maldicion. pero lo que todas tenian en comun era el linaje, linaje de personas exepcionales. la maldicion decia: ''un niño nacera, el niño vivira una vida, pero la dara a cambio de las personas que ama, el nos salvara, nos salvara a todos. la cereza rojiza siempre vivira o eso creemos, la cereza negra traicionara y matara si es necesario, aunque se perdonarán'' se creia que alguien en algun momento cuando el mal resurgiera nos salvaria a todos, qu tendria el don de pertenecer.
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Las leyendas del bosque maldito eran conocidas solo por aquellas personas que vivían cerca, susurradas a la luz del fuego en noches de luna llena. Decían que las almas de los que se habían aventurado más allá de sus limites nunca regresaban, condenadas a vagar eternamente entre los árboles. Sus profundidades ocultaban secretos oscuros, susurros de antiguos sacrificios y un árbol que, según las leyendas, era el guardián de una maldición eterna. Pero un grupo de amigos, llenos de entusiasmo y con corazones valientes, ignoro las advertencias, convencidos de que tales historias eran solo cuentos para asustar a los niños. El bosque no era solo un lugar, era un ente vivo, respirando y acechando. Durante generaciones, las sombras de sus árboles habían albergado secretos que nadie osaba mencionar en voz alta. Los lugareños lo conocían como el bosque del Eco Maldito, un lugar del que no todos regresaban y los que lo hacían, volvían con miradas vacías y recuerdos imposibles de comprender. Se decía que dentro de ese bosque existía un árbol, retorcido y antiguo, nacido de un pacto maldito. Un hombre, consumido por su ambición, había ofrecido en sacrificio a su propia familia. La sangre de sus hijos y su esposa alimento las raíces de ese árbol, y cuando el mismo se colgó de una de sus ramas, sello una maldición que resonaría por toda la eternidad. Pero lo que hacia al bosque terrible no era la leyenda del árbol ni los ecos de los sacrificios. Era el ciclo. Un ciclo eterno de muerte y desesperación que atrapaba a quienes se atrevían a cruzar sus fronteras, obligándolos a revivir el horror una y otra vez. Andrés lo supo demasiado tarde. Su grito desgarrador se perdió en el viento, mezclándose con las risas guturales que el bosque devolvía como burla. Sangrando, cubierto de lodo y cicatrices, corrió con todas sus fuerzas, escapando de un lugar que parecía no tener fin. Pero no se puede huir de un eco.

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