Todos tenemos uno de estos días; ésos en los que todo a nuestro alrededor se desmorona y vemos caer los pedazos de aquello que queríamos junto a nuestros pies. Es uno de esos días en los que nos encontramos a nosotros mismos con la cabeza agachada y la mirada pérdida. Es inevitable porque, tras derrumbarse, comienza a reconstruirse lentamente y termina siendo mejor que antes, de manera que no pueda volver a derrumbarse. O eso se supone.
More details