Mi nombre es Louis Tomlinson, tengo 17 años y soy de Doncaster pero me mudé a Los Ángeles cuando tenía 5 años, después del primer divorcio de mi madre.
Siempre he tenido problemas con las personas, a todo el mundo parece importarle mi aspecto y mi peso, ellos creen que como demasiado, pero es culpa de unos ataques de ansiedad terribles y nunca he podido controlarlo, aunque bueno, mamá dice que aún estoy creciendo y mientras me encuentre saludable mi aspecto solo debe mantenerme cómodo a mí, porque soy muy hermoso.
Es una maldita mentira, todos los chicos de mi escuela son tan atractivos, incluso aquellos que la gente considera raros y eso ya es mucho decir, supongo que la pubertad se ha retrasado muchísimo conmigo, además, definitivamente no soy bueno en los deportes y siempre he sido la burla de todos en mi escuela, incluso de mis maestros.
Toda mi vida he tratado de mantener una dieta ¿Pero saben qué? después de una semana mando la ensalada al carajo y vuelvo a comer mis deliciosas hamburguesas.
Antes no me importaba lo que la gente pensara de mí, pero mediante voy creciendo me doy cuenta que todos tienen relaciones menos yo, quiero una relación amorosa como las películas.
Con el sexy mariscal del equipo de fútbol americano que no le importa mi físico y juntos comamos todas las papas fritas del mundo.
Oh ¿No lo había mencionado? Bueno, soy gay.
Volviendo al equipo escolar; son unos completos idiotas, durante el almuerzo solo se la pasan riéndose y lanzándome comida a mí y cualquier estudiante que no encaje en sus estándares, como si fuésemos animales, lo peor es que el mariscal está en casi todas mis clases.
Y aunque mi mayor deseo es salir con el mariscal de algún libro, estoy seguro que esperaré a que el equipo cambie de líder antes que salir con Harry Styles.
Una de las cosas que más increíble me parecía de la vida, o tal vez del destino, era lo difícil y caprichosa que podía volverse. Me robaba sonrisas y me robó el motivo de ellas. Me entregaba tristeza y dolor, cuando estaba en máximo punto de felicidad y me hacía perder algo en mis victorias. Una lucha constante, contradictoria e interminable entre lo que yo quería y ella me entregaba. La mayoría de esas cosas tan impredecibles que me desestabilizaban de una manera indescriptible, y entre cosas estaba ella.
Ella que apareció aquel día en esa mesa de la cafetería sin que yo lo esperara o lo viese venir. Ella con su imagen siempre confiada, con tanta seguridad que tumbó por completo la mía. Ella que perturbó mis movimientos con sólo aparecer. Ella y su estúpida forma de sentarse, firmar o respirar con la cual me hipnotizó y yo jamás lo vi venir.
No me dio tiempo. No pude, ni supe reaccionar ante aquel acontecimiento que no esperaba. No esperé que mi vida cambiara de la forma en la lo hizo, jamás estuve preparada para el inminente y hermoso caos que se volvió mi realidad después de conocerla.
Pero es lo más increíble de la vida, con sus inicios tontos y finales sorpresivos ¿No es así? El tener un día un giro inesperado que te atrape, te absorba y tu sólo puedas respirar, cerrar los ojos y en contra de cualquier pronóstico, dejarte llevar.