
Siempre me siento orgullosa de mi detector de tontos. Era mi arma infalible para evitar cualquier contacto con princesitas y con los supermanes de la clase. Era mi escudo contra las que hablaban con las pestañas y los que caminaban como si llevaran dos sandías de bajo de los brazos.
Tengo un nivel de tolerancia muy bajo con los chicos que se daban de dark y con las chicas que se creían pink. No aguantaba las voces chillonas de ellas cuando se saludaban por las mañanas en el salón de clases como si no se hubieran visto desde la Segunda Guerra Mundial. Y tampoco soportaba las conversaciones de ellos, en las que se lanzaban 27 ordinarieces y 15 palabrotas por minuto .
Ese detector de tontos,se activó un día, durante el recreo, cuando vi a ese grandulón de cabello desordenado y vestido de negro, arrebatándole un vaso de yogur a un niño de primer año .Hak Cipta Terpelihara1 bahagian